Berlin Alexanderplatz: Fassbinder adapta a Döblin

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Entreguerras, nazis y homosexualidad soterrada en esta obra monumental de las letras (y la televisión) germana. Qué decir sobre Berlín Alexanderplatz…Si bien su historia central no es nada del mas allá, son los pequeños relatos que entretejen ésta y la época donde se sitúa los que hacen darle una dimensión trascendental en su conjunto. Alfred Döblin dejó latente un testimonio insólito del Berlín del armisticio tras la primera guerra mundial en su novela homónima, en la que introducía letras de canciones, noticias de los periódicos e incluso onomatopeyas de sonidos cotidianos de la ciudad y donde la narración se prestaba a varios puntos de vista que, lejos de desorientar, lo que conseguían era transmitir un peso reflexivo, quizá poético, a lo que acontecía. Éste es uno de los aspectos donde la serie monumental de Fassbinder despunta, cuando la trama se acerca a terrenos amargos o alegres, una acertada voz en off a veces acompañada de texto nos evade de lo mas terrenal para adentrarnos en la mística de los sucesos.


La serie nos adentra en la vida de Franz Biberkopf, un hombre que sale de la cárcel y promete vivir como un hombre honesto y alejado del compulsivo que lo hizo entrar en el Berlín del 1927, pero es la situación de su ciudad y su entorno mas próximo los que forzarán que no pueda conseguir su propósito. De esta base es de donde se desprenden las subtramas, que abarcan desde la problemática de sobrevivir en la República de Weimar honradamente hasta las crisis en extremo, económicas y morales, que provocarán todo tipo de situaciones desgarradoras, complejas y, como contrapunto a éstas, también enternecedoras. De donde se puede intuir y comprender en su trasfondo el auge del nacionalsocialismo dentro de ese escenario.

Pero Berlin Alexanderplatz también habla de las relaciones interpersonales a otro nivel, la amistad, la traición, la vertiente del amor con el sexo opuesto. Fassbinder diría en su día que lo que más le había seducido al adaptar la novela es esa historia de amor puro entre dos hombres que no se atreven a reconocer que se aman. Biberkopf y Reinhold sellan su amistad intercambiando mujeres, quizás uno de los puntos mas perturbadores de la serie. En un principio, Biberkopf iba a ser interpretado por el mismo Fassbinder. Este dato podría tener cierto peso a la hora de percibir un pequeño ingrediente homosexual y biográfico, deliberadamente sutil en el conjunto del metraje.


Günter Lamprecht, quien al final se encargó de encarnar a Franz Biberkopf, realiza una interpretación espontánea y rozando el cum laude. Todos los personajes que aparecen dan el do de pecho y destacan más de lo normal en los abundantes planos secuencia que hay en la serie, donde Gottfried John como Reinhold Hoffmann, Hanna Schygulla como Eva y Franz Buchrieser como Gottfried Meck se llevan la palma.

La dirección de Fassbinder impregna la serie de un aroma más cinematográfico que televisivo y mantiene una línea con matices del cine clásico negro con pinceladas alegóricas, a excepción de su epílogo, donde se da rienda suelta a la experimentación, destilando aroma de cine-arte, gran técnica para la época y buen trabajo para inspeccionar todos los planos posibles del entorno. El uso del sonido y la música consiguen hacer más compacto el resultado final, junto con el atrezzo y la elección de los escenarios.
En definitiva, es una serie a tener en cuenta. Muestra el carácter pangermánico en un tiempo determinado y al limite dentro de la República de Weimar. Fassbinder escribió un texto que acompañó su exhibición en la Venecia del 1980 que rezaba: “Los hechos que probablemente sólo despertarán el temor del espectador en una primera visión, espero que también despierten en él una sensibilidad por la historia de Alemania. Y esto es esencial y necesario, porque si esa historia de Alemania sigue siendo reprimida y ocultada, algo va a comenzar a fermentar de nuevo debajo de la superficie” y parece que ciertamente causó ese temor en Alemania, ya que no tuvo una buena acogida en los 80. En Estados Unidos se convirtió rápidamente en obra de culto cuando comenzó a exhibirse cada noche en los teatros con dos o tres capítulos en 1983.

Años después, los alemanes compraban la obra en formato VHS en Estados Unidos porque en Alemania no estaba editada. La cuidadosa remasterización a la que fue sometida en el 2006 por el Instituto Alemán de Cultura justo después de haber hecho lo propio con la soviética El Acorazado Potemkin, es el broche que le faltaba para estar en el puesto que le corresponde en su país y deleitar internacionalmente como la serie alemana por excelencia.

Escrito por: Giusseppe

2 Responses to Berlin Alexanderplatz: Fassbinder adapta a Döblin

  1. danidelacuesta dice:

    Llevo solo tres capítulos, pero aún así me parece una serie muy reseñable. Agridulce hasta un límite difícil de alcanzar.

    Es la serie favorita de Noods, no debería hacer falta decir nada más.

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