Antes del amanecer (Richard Linklater, 1995)

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«Por la mañana seremos historia»

Jesse (Ethan Hawke), se encuentra abstraído leyendo una novela en un tren, rumbo a París, y con escala en Viena. Una dulce estudiante de origen francés, Celine (Julie Delpy), que no consigue mantener la concentración en su lectura por motivo de un altercado dialéctico entre un matrimonio, se sienta en el asiento contiguo de Jesse. Lo que podría haber sido casualidad, con el paso de numerosas, íntimas y largas charlas en la intemperie, ella le confiesa a el, que la casualidad murió de mano de la causalidad.

Ella, “Madame Edwarda/Le Mort/Histoire De L’oeil“ (Georges Bataille), tres relatos que expresan la terrible necesidad que sintió un hombre, para conceder su vida y su obra al estudio de la finalidad y el límite de la experiencia. Él, “Yo necesito amor”, la autobiografía del excéntrico, controvertido y extraordinario actor Klaus Kinsi. Las novelas, de corte metafísico en su recóndito propósito, ya nos permiten representar un esbozo volátil de la personalidad y las inquietudes de los dos personajes a los que acompañaremos durante poco más de 90 minutos por Viena, en un viaje lleno de continuos intercambios de pensamientos, reflexiones e inquietudes sobre la vida, la libertad de pensamiento, la feminidad, el amor, las relaciones sociales, el futuro, y todo lo que se precie.

Él le convence a ella de que bajen juntos y pasen un día por Viena. Ella accede. La travesía por la bella capital de Austria, es en cierta medida, un recorrido por la identidad de ambos, en la que el paso exiguo del tiempo, hace florecer la afinidad entre ambos. Lo que podría haber sido un intercambio de constante amaneramiento y cursilería, es en realidad un permuta de lúcidas e inteligentes conversaciones que marcan el ritmo, y sostienen de manera extraordinaria el peso de la película, de principio a fin.

« Hay una especie de monos que lo único que hacen es sexo… continuamente, ¿sabes?

Y resulta que son los menos violentos, los más pacíficos y los más felices

 Quizá la promiscuidad no sea tan mala »

« ¿Te refieres a los monos? »

« ¿Sí, me refiero a los monos? »

« Eso pensaba »

«¿Por qué? »

« Nunca lo había oído, pero me recuerda al perfecto argumento masculino para justificar la promiscuidad »

« Las monas hembras también son promiscuas. Todos lo son »

La naturalidad es la propiedad sustancial e inherente en todo el metraje. La espontaneidad de los personajes en sus palabras, la sencillez de sus acciones y, en cierta medida, la ingenuidad de sus pensamientos afloran en cada segundo del film.

Es una película de actores, de personajes. La química entre Ethan Hawke y Julie Delpy es palpable, etérea en la realidad, pero tangible para el espectador. Sin ella, nada tendría éxito, nada sería verosímil. Cuando comienza el film, el espectador saca su silla, y se sienta al lado de los protagonistas durante todo el transcurso de la cinta. Como si estuviese con ellos. No puede hablarles, pero está presente en sus conversaciones, navega y revolotea cándidamente por los pensamientos de los protagonistas, en función de sus expresiones, en función de sus miradas, en función de sus rostros.

Richard Linklater escribe y dirige una película sin grandes pretensiones, pero verdaderamente natural, sutil, humilde y espontánea. Diálogos inteligentes, y una dirección acorde con lo que se cuenta. Richard hace que te olvides de la cámara, no existe para el espectador. Cuán natural es la historia como los movimientos de cámara, suaves, lentos y precisos. El plano secuencia se acopla a los protagonistas, y viaja junto a ellos por la ciudad.

La heterogeneidad de temas y conversaciones es, en parte, uno de los rasgos destacados de la narración. La paternidad, la reencarnación, los miedos personales, las relaciones con extraños… El amor no se limita a petulantes y exagerados llantos, se aleja de lo acaramelado, sino que se trata con sutileza y con suma sencillez, y en muchas ocasiones, cargado de mordacidad. Richard Linklater exterioriza la concepción de que el amor puede surgir en tan solo un día. Los protagonistas, con la sensación de que solo van a pasar un día juntos, se liberan de todo convencionalismo y prejuicio, para exponer, con cierta ingenuidad, pero sin falta de agudeza, su visión minimalista de la vida. Es así como, desde la banalidad de los primeros diálogos, acaba, cada uno, por profundizar de forma desprovista en la psique del otro.

« A veces he estado con gente y he compartido momentos preciosos,

como viajar o pasar la noche en vela, y ver el amanecer

Y sabía que aquellos momentos eran especiales…pero siempre había algo mal

deseaba haber estado con otra persona »

 BSO 

3 Responses to Antes del amanecer (Richard Linklater, 1995)

  1. Malkav_FA dice:

    De mis películas favoritas en su género. Es fantástica. Muy acertada la crítica elogiando su sencillez, su espontaneidad y la labor de los actores 😉

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