El proyector: la secuencia de Jesús Pérez

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CAH/Proyector-Arrebato

El final de Arrebato (Iván Zulueta, 1979), brillante y misterioso film español, según Jesús Pérez a.k.a. Kafka.

Es Arrebato una de las más apasionantes aventuras cinematográficas a las que me he enfrentado. Quizás por su condición de film maldito y su progresiva coronación/descubrimiento como película de culto, tiene esta obra maestra un aura absolutamente especial, algo que la hace irremediablemente pegajosa, formidablemente única, un auténtico film-isla de nuestro cine y del cine mundial. Dentro de un argumento aparentemente tan sencillo como de una complejidad interna repleta de aristas y ambigüedad, y donde todos los elementos de la narrativa cinematográfica casan a la perfección, Arrebato se culmina en una secuencia final impresionante, uno de los clímax más perversos y perfectos que haya visto quien esto escribe, haciendo que la película se cierre sobre sí misma, casi dotándose de vida propia.

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Eusebio Poncela (José Sirgado) está en el piso de Will More (Pedro) tras una fuerte y quizás definitiva discusión con Cecilia Roth (Ana), atraído por las últimas cintas que éste le ha ido mandando, en las que More denota una degradación física preocupante, con una pérdida casi total de la voz, cintas marcadas por unos fotogramas rojos, cada vez más numerosos, que ha parido por sí misma la cámara que lo graba compulsivamente, en un efecto vampírico que hace que More se encuentre tan extasiado, tan arrebatado, como definitivamente alienado/anulado de todo contacto humano. Así, Poncela se dispone a ver la última cinta que More grabó. Desde ella es «invitado» a cruzar al otro lado del espejo, a huir de la realidad, a sentirse arrebatado, por la mirada entre lasciva y cándida de More. Poncela se ve reflejado a sí mismo diciéndose que no lo haga, pero la cámara comienza de espaldas a éste a apuntarle, ávida de captar fotogramas, clic-clic, sangre, vida. Poncela siente que ha llegado su hora y, vestido con el viejo abrigo de More, ya mimetizado con él, se acurruca en la cama, colocándose un trozo de sábana en los ojos, mientras ésta continúa amenazante, clic-clic, clic-clic. Poncela ya está preparado para ser ajusticiado y elevarse al éxtasis, arrebatado… La cabeza contra la pared, el sudor, la tensión en los músculos, clic-clic-clic, clic-clic-clic, cada vez más rápido, hasta disparar sin compasión. Así culmina una de las reflexiones más profundas, ambiguas y complejas que se hayan hecho sobre el cine en toda su Historia.

More sigue vivo en su mundo infantil/adulto, sin llorar ya quizás viendo sus propias películas. Poncela, ya relajado e irreal, alcanza el genio que el cine real de terror que hacía nunca le habría permitido y, con él, paradójicamente, la vida. Ana sigue en su mundo real, enganchada a la heroína y al desamor que Poncela le deja. Pero posiblemente la gran protagonista de Arrebato sea esa cámara asesina, vampira, que hace que Zulueta cruce también al otro lado, definitivamente arrebatado, entregando aquí todo, casi hasta su alma, hasta ser incapaz, envarado en la verdadera realidad, de filmar prácticamente nada más, tras este vértigo creativo absoluto, al límite, que hace que con cada visión muera y resucite a un tiempo, una y otra vez, clic-clic, clic-clic, clic-clic.

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A Iván Zulueta, in memoriam.

2 Responses to El proyector: la secuencia de Jesús Pérez

  1. Martincuesta74 dice:

    Muchas gracias a Jesús por su colaboración, adoramos Arrebato.

  2. Diego Bejarano dice:

    Enhorabuena por esta gran entrada, kafka. Un final abierto a múltiples interpretaciones (esos fotogramas rojos… ¿símbolo de la pérdida progresiva de identidad de esos dos personajes consumidos por sus obsesiones?) que redondea una de las mejores películas de la historia del cine español. Great.

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