Críticas: La bendición de la tierra

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Sherlock Films nos trae los regalos de Reyes por adelantado estrenando en nuestro país este clásico del cine mudo noruego, tras el hallazgo en Holanda de material inédito.

La bendición de la tierra (Gunnar Somerfeldt, 1921) está basada en el popular libro homónimo escrito por el Premio Nobel Knut Hamsun, autor de sobra conocido en los países escandinavos pero de escasa repercusión en el resto del planeta, posiblemente debido a su vinculación al nazismo durante la Segunda Guerra Mundial.

La historia relata la vida de Isak, un hombre sin pasado que decide hacer un claro en las montañas, en tierra de nadie, y asentarse allí, a decenas de kilómetros del poblado más cercano, con el ánimo de ser feliz trabajando la tierra. El asentamiento irá creciendo, a partir de que Isak «el fundador» se casa y van llegando más vecinos e hijos, haciendo que el pueblo acabe transformándose en una próspera ciudad.

La película pretende mostrar cómo la vida en el campo es la única vida posible si uno quiere vivirla en libertad, puesto que solo en el monte uno no depende de nadie más que de su trabajo y de la bendición de la tierra. El punto de vista de este relato, de obligada lectura en cualquier colegio danés, fue uno de los precursores del estilo naturalista que predominaría durante finales del siglo XIX y principios del XX, en contraposición al romanticismo reinante anteriormente.

El gusto por las historias sociales tratadas con la crudeza más realista tienen su paradigma en La bendición de la tierra, donde sus protagonistas viven todo tipo de desgracias: arrestamientos, disputas, robos y todo lo que se le pueda ocurrir a la mente más calenturienta. La visión de que uno recoge lo que siembra circula por todo el relato, puesto que hay algo sobrehumano, la naturaleza, que se encarga de poner a cada uno en su sitio. Esta divinización de la naturaleza se muestra magistralmente en el filme («El mundo se ilumina cuando labra los surcos de la tierra») y hace del hombre algo eterno puesto que la tierra sigue el paso de sus hijos, aunque estos la maltraten.

La película ha sido restaurada a partir de dos copias, una en 16mm de poco más de sesenta minutos, que estuvo perdida más de treinta años, y otra en 35mm, encontrada en Holanda en 1991, lamentablemente coloreada. El resultado final es francamente bueno, gracias también al hallazgo del guión original, y a pesar de que todavía calculan que debe haber unos veinte o treinta minutos perdidos, que quiera Dios que puedan ser encontrados debajo de alguna cama en años venideros.

Además han contado con el trabajo incalculable de la orquesta de Frank Strobel, culpable de las restauraciones de bandas sonoras de clásicos del cine mudo como El acorazado Potemkin, Metrópolis o Nosferatu, y que grabadas en el más moderno 5.1 hacen de esta nueva versión de La bendición de la Tierra un producto que ningún cinéfilo debería perderse, aunque mucho me temo que la distribución se reducirá a los cines Verdi y, con suerte, a algún otro cine de la capital.

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