Críticas: Dust Devil

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Nos atrevemos con todo, incluso tomarnos las recomendaciones de otros como un reto.  En esto consiste Una por quincena (II), que abre sus puertas con la película elegida por Rizzo, Dust Devil (Richard Stanley, 1992)

Hay un fenómeno meteorológico, un remolino de polvo que se da en zonas desérticas que lleva por nombre Dust Devil.   La película también lo tiene, y basan ese remolino vertical y normalmente inofensivo como un acto del diablo, algo que anuncia la presencia de un alma poseída en busca de otras que están perdidas y casi muertas para alimentarse de ellas.

Entre tanto polvo comienza la película, que a medio camino entre las viejas creencias místicas y la magia negra despliegan los tormentos del viajante que viste gabardina y sombrero y atrae a una dama solitaria en una carretera.  La estructura de las decadentes escenas iniciales donde se nos da a conocer al culpable y su permanente culpa, se va difuminando poco a poco al comenzar una ardua labor de mezclas incontroladas de géneros cinematográficos.  Todos juntos pero sin conseguir mezclarse no desesperan, pero tampoco apasionan, jugando con pequeños retazos de genialidad entre todo el relleno logístico.

El amor quedó congelado… porque al menos algo claro queda al diagnosticar una víctima, si sufres y tienes algún vehículo motorizado eres el objetivo de una sucia muerte para parar un reloj escacharrado que quiere retroceder el fin del mundo.  Todos sufren de lo mismo, al menos es la excusa perfecta para dar paso a una mujer y la tensión sexual que ello conlleva.

En toda película de terror, un policía… porque atormentados hay en todas partes y entre montañas de polvo también existen crímenes que investigar y métodos poco ortodoxos que seguir.  Es el personaje que no consigue casar de ningún modo a mi parecer en toda la historia, sin embargo es el que tiene los sueños más vívidos e irreales en los que mezclar pasado y ocultismo.

En polvo nos convertiremos… porque no se puede negar lo efectivos que son los entornos elegidos, con algunas imágenes fantásticas que sí reflejan soledad, la arena es sólo eso, pero aporta unos colores majestuosos, tanto como el fuego, que siempre está presente como la alegoría que es a la jornada de puertas abiertas al infierno.

El racismo tomará forma… porque hay que dejar claro que aunque no venga a cuento se rueda en un país marcado por la eterna diferenciación de clases basadas en un color, y el director pensaría que por qué no, si teniendo tiempo para pararse y reflexionar, un alto más en el camino nunca viene mal.

El mal resurgirá de sus cenizas y corromperá almas sin que nadie le controle, pues su poder es más fuerte que el de un ave de alas sesgadas… porque las enseñanzas y explicaciones no cesan por parte del ínclito narrador ausente, y aunque esta me la he inventado yo sola sin ayuda de nadie nuestro narrador de hablar pausado no quiere dejar el protagonismo a otros e insiste en los dones que posee el dust devil que acecha en las carreteras.

El estómago pide refuerzos… porque la sangre toma presencia en momentos de espectacularidad desbordante, así como intentos de abstracción en todo tipo de alucinaciones personales y colectivas, que le da un carisma propio a puntos determinados del metraje.

Todo ello se une sin interrumpirse en ningún momento y tras largos paseos de un punto a otro del terreno en los que incluso hay tiempo para alguna escena de humor no intencionado, se crea un final tan efímero, como el recuerdo que puede dejar en sí la película, pero no nos falla una edición que ha conseguido su propio Director’s Cut como un rato de entretenimiento con cierto destello de belleza e ingenio que se pierde entre las nubes de polvo con facilidad. Muchos la tachan de poco inspiradora, pero nunca se sabe donde se esconde el diablo, tal vez esté tras estas maliciosas palabras…

3 Responses to Críticas: Dust Devil

  1. Cristian Perell& dice:

    Grande, Mnemea.

  2. Eptesicus dice:

    Te ha quedado muy apañada la crítica, mnemea. La verdad es que la película, sin ser nada del otro mundo, tiene sus detalles, sobre todo a nivel visual.

    La próxima crítica de la Quincena es mía, espero dar la talla en mi primera colaboración en Cinema Ad Hoc (qué presión).

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