The Street With No Name (William Keighley, 1948)

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  «La calle en la que florece el crimen se extiende por todo el país. Es la calle sin nombre»

Se utiliza el término «docu-noir» para referirse a una serie de películas que durante finales de los cuarenta retrataron los bajos fondos de las grandes metrópolis de los Estados Unidos bajo un prisma muy novedoso que mezclaba recursos de corrientes cinematográficas muy variadas: desde el neorrealismo italiano al expresionismo alemán pasando por el realismo poético francés. Así pues, la riqueza artística que nos brindan estos films permite situarlos en un sitio preferente en el género. Ttítulos contemporáneos a éste como La Ciudad Desnuda, de 1948, o las películas rodadas por Mann a finales de los ´40 –T-Men, 1947, Raw Deal, 1948 o Follow Me Quietly, 1949- componen un subgénero que nos adentra de nuevo, y de una manera brillante, en el inigualable mundo de los gangsters como ya hicieran lustros antes los Howard Hawks, Raoul Walsh o el mismo William Keighley. Éste, con una gran experiencia durante la década de los ´30 en el negro policíaco, alcanza con esta The Street With no Name quizás no su película más recordada –siempre quedará en la memoria su colaboración, en colores, grandiosos colores, con Curtiz para filmar el mito de Robin Hood con el inmortal Errol-  pero sí con la que alcanza las dosis más altas de calidad cinematográfica.

 

 

«Está volviendo de nuevo el crimen organizado. Si se le permite continuar, tres de cada cuatro estadounidenses acabarán por convertirse en sus víctimas. Donde la ley y el orden fracasan se encontrará indiferencia pública. Unos Estados Unidos atentos y alerta contribuirán a unos Estados Unidos seguros», J. Edgar Hoover. The big boss. Perdón, The Big Boss. El problema de Alec Stiles (Richard Widmark) es solo uno y muy gordo. Está jugando a los infiltrados con The Big Boss y eso puede traer muchas complicaciones; prácticamente todas. Alec es listo. Quiere aplicar la ciencia al crimen, crear la banda perfecta. Y tiene capacidad: es inteligente, mide sus movimientos y siempre está alerta…¡cocaína de mi vida! Pero una banda, un equipo, no es uno solo y en estos juegos suele haber bastantes rufianes. Las horas de Alec están contadas, aunque él ni imagina. Mientras, sigue a lo suyo.

 

 

Inspector George A. Briggs (Mark Stevens). Agente perfecto. Entrenamiento en The FBI Academy, Quantico, Virginia. Él también quiere ser un infiltrado. Se viste de canalla y frecuenta sitios donde se respira humo en vez de oxígeno. Duerme en una pensión de mierda con un solo espejo partido en mil pedazos; para traer suerte. Se hace notar. Un gimnasio, fanfarronada, exhibición de las prácticas aprendidas en The Academy y el gangster le echa el ojo. Perfecto, está dentro. Ahora, a jugar al ajedrez. Alec mueve sus piezas. Solo tiene una…pero es una reina: Commissioner Ralph Demory (Howard Smith) un funcionario de los corruptos que recibe unos cuantos de los verdes por cantar en el oído de Alec. Por otro lado, los peones del FBI. Con ellos desde fuera y con Briggs desde dentro, la pestilente vida criminal de Alec va quedando al descubierto. Jaque. Una última oportunidad, una última huida. Pero en el mundo de los infiltrados nunca sabes de que lado te va a llegar la bala. La de Alec la mandó la reina, su reina. Traición, siempre la traición…

 

Señala Scorsese en su paseo por el Cine Clásico Americano a The Street With No Name  como una obra clave el en policiaco noir de los años 40. Estoy de acuerdo. El apunte del director americano se trasladó luego a su carrera: viendo The Departed, de 2006, se pueden vislumbrar claras influencias y similitudes, cosa que por otra parte es normal: en toda la filmografía del italoamericano las referencias al noir americano son contínuas y destacadas. No es tonto Martin. Tampoco Fuller, que cogió está historia y a su guionista, el genial Harry Kleiner (The Violent Man, 1955, Bullit, 1968) para volver a rodarla esta vez ambientada en Japón posguerra mundial en The House of Bamboo, de 1955, claramente inferior a esta versión de William Keighley. Evidentemente es un film que exalta la figura de Hoover y de su FBI. Ni que decir tiene que este vehículo con el que se presenta la historia no puede ocultar una gran trama y una narración por momentos trepidante que se ajusta perfectamente a lo que entendemos por un gran policíaco. Además, como ya viéramos el anterior entrada, supone el segundo trabajo –el primero le valió una nominación al Oscar- de Widmark, presentado ya en esta película como una auténtica estrella. El personaje que dibuja el actor de Princeton, Illinois, vuelve a ser destacado, centrando como ya hiciera en Kiss of Death, de 1947 toda la atención del espectador. Su interpretación nerviosa se llena de matices en este trabajo, enriqueciendo tanto la película como su progresión cinematográfica. Se podría decir incluso que su personaje muestra ciertas tendencias homosexuales que le llevan a pagar su agonía espiritual con la que es su mujer en esta historia, Judy Stiles (Barbara Lawrence) dejando una escena de violencia machista para la historia. El fanatismo e ira que mostraba en la piel de Tom Udo deja ahora paso a una frialdad insual, que le llevan a utilizar la estrategia o la disciplina para lleva a cabo sus fechorías o mantener su liderazgo dentro de la banda: «Aquí sólo un hombre tiene ideas: yo. Yo pienso. Yo doy las órdenes».

 

Llegados a este punto cualquiera se preguntaría, ¿tenía J. Edgar Hoover acciones de la Fox? ¿Pueder ser que FBI sea realmente International Films Bureau –sí, cambiado de orden pero más o menos cuadra-? Fueraparte de bromas o ironías, la cantidad, y calidad de películas que describieron el cómo, el cuándo y el porqué del trabajo del FBI es, cuanto menos, sorprendente. Y en todas llevando la bandera del Estado en su lucha contra el terrible crimen organizado. Hoy en día, y es lícito reconocerlo, este planteamiento causa rechazo; estamos ya demasiado influenciados por los acontecimientos como para que al público actual le entre cierta animadversión a ver los diez primeros minutos de esta cinta. Pero no se dejen engañar. The Street With No Name es un policíaco de muchísima calidad, rodado por un director experto y solvente y que les adentrará en el mundo de los soplones y las traciones, donde la ambigüedad en la que se mueven sus personajes se acopla perfectamente a una de las máximas del género: guiña el ojo, desconfía, porque nada es lo que parece.

 

Los Protagonistas

El malo: Alec Stiles

El bueno: Gene Cordell / George Manly

El corrupto: Inspector Geroge A. Briggs

 

Frases para la historia

Alec Stiles: «Me vas a caer bien, Georgie. Entiendes muy rápido. Toma. Cómprate un armario lleno de ropa. Me gusta que mis muchachos luzcan bien».

Alec Stiles: «Estoy construyendo una banda con base científica».

 

Ficha en FA: http://www.filmaffinity.com/es/film897114.html

Ficha en IMDB: http://www.imdb.es/title/tt0040843/

 

 

 

 

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