Críticas: The Thing (1982)

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Aprovechando el estreno de su precuela, nunca viene mal rememorar una de esas grandes películas como la que dejó Carpenter en el 82 con The Thing. En ella, sólo su primer plano ya es un indicio de a lo que asistiremos: una congelada panorámica acompañada por la martilleante banda sonora de Morricone ya advierte la hostilidad de un panorama que terminará siendo mucho más que eso.

Durante su primer tramo, sin embargo, el director neoyorquino concibe The Thing como una cinta puramente de ciencia-ficción (dentro del marco que le concede el propio relato), con todo lo que ello acarrea. Asistimos a una presentación de personajes donde lo que realmente importa no son ellos (más allá del obligado plano para dar a conocer a Kurt Russell, su protagonista, poco más hallamos), y que se va desenvolviendo prácticamente al mismo tiempo que asistimos a los orígenes de ese alienígena que complicará las cosas más de lo presumible a nuestra expedición. La pantalla se empapa de detalles de lo más reveladores acerca de la forma de vida extraterrestre (desde la cuasi-hostil mirada de ese can, hasta la visita al campamento noruego que revela, de buenas a primeras, algunas de las claves del organismo en cuestión), y lejos de jugar con una ambigüedad que nos podría haber llevado a un terreno de terror más psicológico, Carpenter muestra todas sus bazas rápidamente sin guardarse ni una sola carta en la manga, y en sus 45 min. iniciales nos topamos con, más allá del posible génesis, las causas y consecuencias que puede tener la presencia de La cosa en una población como la nuestra, llegando incluso a manejar cifras y porcentajes que son presentados con un curioso pasmo al espectador.

Tras ello, y logrando un resultado que consigue fascinar y atrapar al espectador en todo lo que concierne a ese ser del espacio exterior, la inevitable entrada en el terreno del terror se sucede como si nada. Pero no podríamos darle únicamente el significado que todos conocemos al término terror, puesto que su director decide ser más inteligente, y juega a las mil maravillas con una psicosis que entra en escena desde el momento en que los habitantes de esa estación se ven contra las cuerdas, ante algo que no saben exactamente como combatir y que causa una frustrante incertidumbre en cada uno de ellos.

Así, con una sutileza inusitada en un film que cuando debe recurrir a secuencias más gráficas y violentas lo hace sin cortarse un pelo, se inicia un periplo en el que las suspicacias salen a flote, y nadie parece libre de culpa. A partir de una idea tan sencilla como esa, se engranan las bases de uno de los mejores tramos de este clásico contemporaneo, y aunque sus minutos finales, cuando el clímax final debe estallar y mostrar que todas las virtudes aquí reunidas podían llegar más lejos de lo que cualquiera fuese a presumir, hay que destacar ese segundo acto como algo verdaderamente portentoso, que logra germinar la duda en el propio público, y que sabe llevar a cabo y resolver momentos no exentos de cierta dificultad, pero abordados como lo están en The Thing, parecen incluso fáciles de medir. Y es que ahí aparece otra de las bondades ineludibles de la película, que no es otra que el hecho en como Carpenter sabe templar no sólo la propia estructura del film, sino también las secuencias que a uno se le antojan más complicadas de llevar a cabo, secuencias que en manos de otro, no serían más que un pequeño nexo más con sus antecesoras y predecesoras, pero que él convierte en momentos de envidiable talento. En los que el plano respira lo que debe, en los que el corte al siguiente fotograma es como debería ser, y donde la información visual se distribuye a la perfección, confabulando instantes que no tienen precio.

No podríamos concluir esta pequeña reseña, por mucho que quisieramos, sin hablar de la impresionante atmósfera que es capaz de construir Morricone con una de esas bandas sonoras que le dejan a uno al borde de un extraño éxtasis, que combinada con esos parajes helados como de los que dota la propia escena a la cinta, consiguen entretejer uno de los milagros que se conciben, muy de vez en cuando, en este género, que no es otro que el de lograr, a través de la observación de un espacio totalmente abierto y glacial, llegar a una sensación del todo agobiante, que le encoge a uno en la mismísima butaca, y le deja apocado a una conclusión que no sólo arroja más incertidumbre de la que el propio cineasta había creado sino que además, consigue que el amplio abanico de sensaciones por los que uno se ve arrastrado durante toda la cinta, se de cita al final y culminen una de esas obras que, sin ningún ápice de duda, serán recordadas por siempre en este género considerado por muchos menor, capaz de ofrecer su mejor versión en experiencias como esta The Thing.

2 Responses to Críticas: The Thing (1982)

  1. Diego Bejarano dice:

    Una de las películas de mi vida, es impesionante. La revisé el otro día en sesión doble junto a la precuela, y fue un placer poder verla en pantalla grande por primera vez. El clima de tensión y paranoia que logra Carpenter es un prodigio. No hay nada que no me guste en The thing. Buen trabajo, grandine!

  2. Grandine dice:

    Thanks! Lo cierto es que sí, un peliculón al que poco hay que achacarle (si un caso, la presentación de datos al principio). Sólo el mal rollo que consigue Carpenter con un condenado perrito durante media hora, ya justifica que la nota no baje de 7. A todo esto, hay que subirla 🙂

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